Mi Primera Cola

Desde que descubrí un mundo de sirenas ha crecido una pequeña obsesión dentro de mi. Quiero tener colas de todos los diseños posibles, de todos los colores, de todos los fabricantes. Sé que algún día cumpliré este sueño. Por ahora estoy muy orgullosa de mi primera cola. No la hice yo. Me la regaló mi amiga cómplice de aventuras Katherina. Y todo empezó más o menos así:

Liz: Quiero una cola de sirena pero están demasiado caras 😦

Kathy: Yo te la hago pues.

Liz: Ok!!! 🙂

Como Kathy vive en el extranjero, toda la coordinación se llevo a cabo por medio de emails, que eran kilométricos pues habia que encontrar la tela, el color, el diseño de la punta, luego pensar en la parte de arriba, el diseño, de conchas? De tela? Vestido de baño? Tiene q sostener para q no se salgan mientras nadas… etc.

Luego de varios meses, muchos emails, toma de medidas,  errores de costura y materiales, finalmente llegó el día de probar mi cola.

Fuimos a la piscina de un amigo y me puse mi cola para nadar por primera vez.  Fue mágico 🙂 Recuerdo que había una nena como en el 5to o 6to piso que gritaba… sirena!!! Sirena!!! Y yo la saludaba desde la piscina. Un rato después vino con su papá a conocerme. Su nombre nunca lo olvidaré, Amellaly, y se convirtió en mi primera fan.  Luego de varias fotos, por email mi fotógrafa personal le envió un recuerdo mágico con Liz Sirena.

Mi primera sesión fotográfica de sirena.

Entre Katherina y yo decidimos, o más bien yo propuse ir a Playa Huertas. Esa famosa playita del otro lado de Portobelo a la cual hay que llegar en lanchita. Escogimos ese lugar porque el agua es super clara y por supuesto que las fotos quedarían espectaculares.  Como buenas aventureras con cero planeación, pues así los paseos son verdaderas aventuras, no tomamos en cuenta el clima y cuando llegamos pues el agua estaba más chocolate que chicha de tamarindo.

Limitandonos solo a fotos en seco, hubieron varias personas curiosas, entre ellos un biologo que bajó del barco de la Aeronaval, unicamente para conocer de cerca a esa creatura mística que estaba a la orilla del mar y que parecía no querer escapar libre hacia el oceano.

No pudimos tomar fotos acuaticas. Sin embargo, no me aguanté las ganas de dar un chapuzón.  Para luego encontrarme una pequeñita que estaba con su mamá en el mar y me tenía miedo. Al acercarme y tocar mi cola, su reacción fue instantánea: “Mami quiero una cola como esta!”  Al pasarle tips a su mamá de cómo hacer la cola pues me di cuenta que tengo tanto en común con pequeñitas. Creo que la razón es que nunca dejo de soñar.  La divertida que nos dimos este día Kathy y yo, al igual que las carcajadas, quedarán por siempre en nuestras memorias y corazones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *